El libro de los muertos: Mitos egipcios clásicos

El libro de los muertos Mitos egipcios clásicos

El libro de los muertos, puede ser entendido como un compendio o enciclopedia de manuscritos que de alguna u otra manera se vinculan con los procesos mortuorios y la vida en el “más allá”.

Estos textos agrupan de manera categorizada fórmulas de brebajes, canciones que deben ser interpretadas durante la ceremonia y rezos para acompañar el alma del difunto durante su último viaje.

El título que le dieron a esta obra los historiadores, tal vez pueda resultar un tanto tramposo, ya que al leerlo nos imaginamos que se trata de un único tomo, cuando en realidad engloba a autores que vivieron en varios periodos históricos de la antigüedad. De hecho, se calcula que hay partes que fueron originadas hace más de 3500 años.

Los egipcios tenían la creencia de que antes de poder pasar al otro mundo, debían ser juzgados por la mayoría de sus deidades. Entre ellas, la más representativa era Osiris. Del mismo modo, se suponía que los encantamientos contenidos en el libro de los muertos, servían para que el fallecido tuviera las herramientas suficientes como para sobreponerse a la gran cantidad de obstáculos, peligros y pruebas que tendría que pasar en el umbral de la vida y la muerte.

Si todo salía bien, el alma del difunto alcanzaría por fin el descanso eterno. Había hechizos especiales para los faraones. Por ejemplo, existía uno que les brindaba la posibilidad de llegar al “paraíso” una vez que habían sido embalsamados. Por supuesto, algunos expertos en la cultura de Egipto dicen que esos son mitos sin fundamento.

Otros conjuntos más elaborados, le daban al espíritu la oportunidad de retener sus recuerdos y vivencias. Inclusive en unos especiales para poder comer o respirar.

Finalmente, vale la pena resaltar que en este mítico libro de los muertos egipcios, se escondía un sistema para poder aprobar la sentencia que era dictada por los dioses. En total, las almas de los que eran enterrados en aquel territorio, tenían que pasar por cuarenta y dos pruebas distintas ¿demasiadas no?

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