Gritos de 500 años

Gritos de 500 años

Leo y Rich jugaban en su habitación mientras su madre limpiaba la casa, tenían apenas 2 días de haberse mudado y felices, no hacían más que jugar en su cuarto y mirar al bosque, pensando en las incursiones que harían aprovechando que el bosque les quedaba a menos de 50 metros de distancia.

Una casa a las afueras del bosque es el sueño de todo niño. Los bosques encierran historias imaginarias de hadas, duendes, elfos, unicornios y otros seres…

Ese día decidieron salir en la tarde, antes de la cena y así lo hicieron, pero en cuanto se acercaban al bosque su madre los llamó prohibiéndoles internarse solos, más justo en el momento en que la voz de su madre les llamaba escucharon un grito largo y doloroso, el grito de un niño, se escuchaba un poco apagado pero ambos se miraron y de inmediato confirmaron que no fue el viendo, que ambos escucharon un grito.

Corrieron a contarle a su madre quien, entre la duda y el miedo, sencillamente les recomendó no acercarse al bosque.

Pero los chicos miraron por la ventana hasta que no aguantaron el miedo y se acostaron juntos.

Al siguiente día, aprovecharon cuando su madre salió y los dejó solo con su hermana mayor y, con la excusa de jugar en el patio, se acercaron al bosque. Una vez más los lejanos gritos llegaron a sus oídos, era un niño pidiendo ayuda. Sin pensarlo dos veces corrieron buscando los gritos, tenían 10 y 12 años, mientras corrían Leo, el mayor, infundía valor para ambos diciendo:

-No puede ser que lo esté lastimando alguien, no estaría gritando desde ayer, tiene que ser un niño atrapado o herido sin poder moverse en algún sitio, hay que encontrarlo.

La verdad, era lógico el razonamiento del chico y corrieron hasta llegar al lugar exacto de dónde salían los gritos. Pero no había nadie, se seguían escuchando los gritos pero no se veía a nadie. De pronto, vieron la imagen borrosa de un chico que estiraba la mano gritando por ayuda mientras un sujeto enorme con una capucha se preparaba con una barra de hierro para golpearle brutalmente. El chico estaba amarrado, lo estaban ejecutando.

Rich se quedó helado pero Leo, en un acto de valentía extrema, trato de tomar la mano del chico, es decir la tomó, pero Rich nunca vio el momento en que su hermano y el chico se tomaron la mano. Justo en el momento en que harían contacto, se escuchó un sonido extraño, como si de repente el espacio en el que se observaba al chico torturado se “tragara” lo que había justo alrededor, hojas, piedras y hasta el aire pareció ser absorbido. En esa extraña succión también Leo cayó a otro espacio, tiempo, lugar. Su hermano sencillamente lo perdió de vista.

Los padres de Rich nunca se explicaron que ocurrió, en medio del llanto pidieron a la policía buscar por todo el bosque, posiblemente alguien lo había raptado sin que su hermano lo notara y la historia que inventó era por los nervios o por no entender que le había pasado. Lo más irónico es que lo último era cierto, no lo entendía, pero si lo observó.

Estaban a punto de matar al pequeño ladronzuelo cuando, sin saber cómo ni de donde, un chico apareció al pie de la mesa donde estaba amarrado. Se escucharon murmullos desde el “público” que esperaba la ejecución pero el verdugo, acostumbrado a hacer su trabajo fríamente y sin interrupción, de un empujón alejó al chico hasta 4 metros de distancia y procedió.

Desde ese día, el chico loco anda por el pueblo repitiendo que viene del futuro, casi 500 años en el futuro y que escuchó los gritos del muchacho que moría y al darle la mano apareció en ese lugar. En un momento lo acusaron de brujería algunos, pero el llanto constante del niño no dejaba lugar a dudas, estaba loco, solo loco podría inventar esa teoría de gritos que viajan 500 años en el tiempo, como un agujero entre dos dimensiones.

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