La perfecta solución

La perfecta solución

Adrián buscaba afanosamente un empleo de medio tiempo. La razón era porque había embarazado a una muchacha y sus padres le habían dado un ultimátum:

– Si no consigues un trabajo con el que puedas mantener a tu hijo, te olvidas de seguir estudiando y más aún, tendrás que dejar esta casa. Aquí no vamos a mantener a ningún desobligado.

Él sabía que no se trataba de una simple amenaza, ya que su hermano mayor había pasado por lo mismo y ahora vivía en un cuarto en una vecindad derruida.

Diariamente compraba los periódicos y leía uno a uno los anuncios clasificados.

– Bah, lo mismo de siempre. El salario mínimo no me alcanza para nada. Además yo soy joven, tengo derecho a divertirme y no me voy a poner de mesero para ganar tan poco. Refunfuñaba en voz baja.

En eso estaba cuando leyó el clasificado de sus sueños:

“No busque más, tenemos la perfecta solución a sus problemas económicos. Le ofrecemos $100,000 por un solo día de trabajo. Para mayores informes comuníquese al siguiente número”.

– $100,000 por un solo día de trabajo. Debe ser un chiste.

Esa fue la idea que le pasó por la mente debido a que había escuchado innumerables historias de terror cortas sobre empleos que se ofrecen en los diarios y que tienen un trasfondo oscuro.

Sin embargo, la curiosidad pudo más que la razón y Adrián hizo una llamada telefónica. Una mujer muy amable lo atendió y le dijo que estaba llamando a un laboratorio de prestigio internacional, que no se preocupara por nada. Lo único que debía hacer era presentarse ahí al día siguiente con la mayor discreción posible.

El edificio era enorme y estaba custodiado por gente armada. Adrián llegó a la hora señalada, le entregaron un gafete con su nombre y lo enviaron a una sala de espera.

Una voz grave intimidante le dijo a través de un altoparlante:

– Desnúdese y póngase la bata que está en la silla junto a usted.

– ¿De qué se trata esto?

– Usted mi estimado amigo es el trigésimo octavo candidato que va a aprobar el nuevo gas mortal HR56ZX. Un poderoso químico que desintegra las moléculas orgánicas. ¿O qué de veras creyó que le vamos a dar $100,000? Dijo riendo una voz.

– Apúrense a limpiar la sala que el próximo llega en 12 minutos. Dijo otra voz, mientras sacaba la ropa de Adrián con dirección a los contenedores de basura.

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